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Chatbot para empresas · A Coruña y toda EspañaTu web tiene un formulario. Tus clientes tienen una pregunta.

Monto el chatbot que atiende a quien entra en tu web: resuelve la duda con la información real de tu negocio, absorbe las consultas repetitivas y te pasa a los interesados con nombre y teléfono.

Desde 150 €/mes + implantación desde 500 €

Lo que absorbe cada semana

  • ¿Cuánto cuesta la primera consulta?
  • ¿Abrís los sábados?
  • ¿Tratáis también a niños?
  • ¿Dónde puedo aparcar?
  • ¿Cuánto tarda en darme cita?

Las mismas cinco preguntas, contestadas al momento y sin gastar tu tiempo.

Por qué importa

Nadie rellena un formulario para preguntar un precio.

Quien entra en tu web con una duda concreta tiene tres opciones: llamar, rellenar un formulario y esperar, o irse a otra web. La mayoría elige la tercera, porque las dos primeras cuestan esfuerzo y la competencia está a un clic. Un chat que responde al momento elimina esa fricción.

Y el otro lado del problema: las consultas que sí llegan son casi siempre las mismas. Precios, horarios, si atiendes tal caso, dónde estás. Contestarlas una y otra vez no vende más, solo consume el tiempo que necesitas para atender a quien ya es cliente. Es exactamente el tipo de trabajo que conviene delegar a un agente de IA.

Lo importante es qué pasa después de la respuesta. Un chatbot que solo informa es un FAQ con animación. El que sirve es el que, cuando detecta interés real, pide el nombre y el teléfono y te avisa. Ahí es donde una visita anónima se convierte en algo con lo que puedes trabajar.

Si todavía no tienes claro qué se te está ofreciendo cuando alguien dice “chatbot”, empieza por la diferencia entre un chatbot y un agente de IA.

Responde en el momento de la duda

No cuando alguien revise el correo mañana. La respuesta llega mientras el cliente sigue en tu web y sigue interesado.

Filtra antes de llegar a ti

El curioso que solo quería saber un horario se queda satisfecho sin ocuparte. El que tiene intención real llega con la duda resuelta y los datos puestos.

Trabaja de noche y en agosto

Las consultas no se concentran en horario de oficina. El chat atiende a las once de la noche, en fin de semana y mientras estás de vacaciones.

De qué se alimenta

Responde con tus datos, no con lo que la IA cree saber.

La diferencia entre un chatbot fiable y uno que te mete en problemas está aquí: en qué información puede usar y qué tiene prohibido hacer. Esto es lo que monto en la base de conocimiento.

Tu catálogo real

Servicios, qué incluye cada uno, precios o rangos si los publicas, duración, qué casos atiendes y cuáles derivas a otro profesional.

Tus datos operativos

Horarios, dirección, cómo llegar, parking, formas de pago, política de cancelación y plazos habituales de cita.

Las preguntas que ya te hacen

El listado de dudas reales que recibes por teléfono y WhatsApp. Es la fuente más valiosa, porque es lo que la gente pregunta de verdad.

Los límites

Qué no puede decir: improvisar precios, prometer plazos, dar consejo profesional que requiere valoración, hablar de la competencia. Ante la duda, deriva a ti.

El relevo

Sabe cuándo callarse y avisarte.

Un chatbot que insiste en resolverlo todo es el que acaba haciendo que tus clientes escriban “quiero hablar con una persona”. Estas son las cuatro situaciones en las que el mío deja de intentarlo, recoge los datos y te pasa la conversación con el histórico completo.

El cliente lo pide

Si alguien quiere hablar con una persona, no hay negociación: recoge el contacto y te avisa.

Hay intención de contratar

En cuanto la conversación pasa de informarse a querer cita o presupuesto, entras tú. Ahí es donde se cierra.

Es una reclamación

Una queja no la gestiona un bot. La registra, se disculpa y te la escala de inmediato.

Se ha atascado dos veces

Si en dos intentos no ha resuelto la duda, deja de dar vueltas y deriva. Nadie merece un tercer intento fallido.

El proceso

Cómo lo hago

01

Recojo lo que ya sabes

Una llamada para sacar las preguntas que más te repiten y la información que necesita para responderlas. No te pido que redactes nada: yo saco lo que puedo de tu web y tu ficha de Google, y lo que falte lo cerramos hablando.

02

Monto la base de conocimiento y las reglas

Escribo lo que el chatbot puede decir, lo que tiene prohibido, con qué tono habla y en qué momento pide los datos. Te lo paso para que lo apruebes antes de que exista nada público.

03

Pruebas hasta que aguanta

Lo ataco a propósito: preguntas trampa, peticiones de descuento, consultas que no le tocan, clientes enfadados. Corrijo lo que falle y repito. Solo se instala en tu web cuando pasa esa fase.

04

Instalación y revisión mensual

Lo instalo en tu web —sin tocar el diseño— y cada mes reviso las conversaciones reales: qué preguntaron, dónde dudó, qué respuesta mejorar. Recibes las cifras de conversaciones y contactos captados.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿De dónde saca el chatbot la información para responder?

De una base de conocimiento que monto con lo que tú me des: las páginas de tu web, tu catálogo de servicios y precios, tus horarios y el listado de preguntas que ya te hacen por teléfono. El chatbot responde solo con eso. No improvisa a partir de lo que sabe del mundo, y si le preguntan algo que no está en su base, lo reconoce y ofrece tu teléfono.

¿Cuándo pasa la conversación a una persona?

Cuando lo definimos: si el cliente lo pide expresamente, si detecta intención clara de compra o contratación, si la consulta es una reclamación, o si lleva dos intentos sin resolver la duda. En ese momento recoge los datos y te avisa por email o WhatsApp con el histórico de la conversación, así retomas sabiendo de qué se ha hablado.

¿Cuánto de mi atención al cliente puede absorber?

Depende de cuántas de tus consultas son repetitivas. En la mayoría de negocios locales, entre la mitad y dos tercios de lo que entra son las mismas cinco o seis preguntas: precios, horarios, si atendéis tal cosa, dónde estáis, cómo pedir cita. Eso es lo que absorbe. El resto sigue llegando a ti, pero ya cualificado.

¿Funciona en mi web actual? Tengo WordPress.

Sí. Se instala en WordPress, Shopify, Wix, Squarespace o cualquier web hecha a medida: es un fragmento de código que se añade una vez. No hay que rehacer la web ni cambiar de proveedor. Si tu web es muy antigua y no permite añadir scripts, te lo digo antes de empezar.

¿Y si responde mal a un cliente?

Antes de publicarlo lo pruebo intentando romperlo: preguntas trampa, peticiones de descuento, temas que no le tocan, mensajes agresivos. Solo sale a producción cuando responde bien a todo eso. Después reviso las conversaciones reales cada mes, y cuando encuentro una respuesta mejorable la corrijo. Ninguna configuración sale perfecta el primer día; la diferencia está en que alguien la esté mirando.

¿En qué idiomas puede atender?

En los que necesites. Para negocios de aquí lo habitual es español y gallego, y en zonas con turismo o clientela internacional se añade inglés. El chatbot detecta el idioma del cliente y responde en el mismo sin que haya que configurar nada por su parte.

¿Cómo sé si está funcionando?

Cada mes te mando tres cifras: conversaciones atendidas, cuántas se resolvieron sin pasar por ti y cuántas terminaron en un contacto con nombre y teléfono. Esa última es la que importa para decidir si el sistema se paga. Si en tres meses no te aporta, lo apagas: no hay permanencia.

¿Es lo mismo que el chat de WhatsApp?

Es el mismo tipo de asistente en otro canal. Este atiende a quien entra en tu web; el de WhatsApp atiende a quien te escribe al móvil. Muchos negocios acaban con los dos, porque el visitante que no quiere escribir por WhatsApp sí pregunta en el chat de la web, y al revés. Se pueden montar por separado o a la vez.

¿Qué te preguntan cinco veces al día?

Dímelo y te digo si un chatbot te ahorra tiempo de verdad o no te compensa todavía.

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